¿PASO O NO PASO?

Como sabemos, las P.A.S.O. (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) son parte del sistema electoral de “doble elección” adoptado en la provincia de Santa Fe por ley 12367 (modificada por ley 13461). Por este sistema, compiten en una primera instancia las listas internas de todos los partidos, puestas a consideración del conjunto del electorado para definir, en simultáneo, los candidatos que, en cada categoría participaran de las elecciones generales en representación de cada agrupación política, sorteando algunas barreras porcentuales respecto de la cantidad de votos logrados.

 De lo dicho, surge una conclusión inicial e indiscutible: las PASO son una competencia entre dos o más listas internas partidarias de una misma categoría electiva (esa es su finalidad), para fomentar, en primer lugar, la efectiva participación de todas las expresiones intra partidarias y lograr una integración definitiva de la Lista partidaria que conjugue sus expresiones más representativas en vistas a la elección general, y no para seleccionar algunos partidos y descartar otros. Ese objetivo, el de seleccionar partidos, es, justamente, el objetivo de la elección general. 

Así lo refleja la normativa PASO nacional y  la de todas las demás provincias en las que estas elecciones se celebran, excepto Santa Fe. 

El sistema fue implementado en nuestra provincia luego de la criticada “ley de lemas”, y fue un gran avance en lo que a mayor transparencia, eficiencia en la asignación de recursos y legitimidad refiere, así como en la participación, tanto a nivel partidario, donde las listas internas podían lograr integrar proporcionalmente la lista partidaria definitiva, y en la consideración del electorado, revelada por la alta concurrencia a las urnas, que siempre rondo los 70/75 puntos. 

Es claro que esos 70/75 puntos no se mantuvieron. Hoy estamos apenas superando los 50, y en ocasiones, ni a eso se llega. ¿A qué se debe esa notoria baja en el interés de los electores? Se le cuestiona a este sistema, entre otras cosas: el hastío o cansancio del electorado que soporta, según la provincia que sea, entre 2 y 4 elecciones cada 2 años, con sus respectivas campañas de “saturación” electoral; la utilización promiscua, indebida o “mentirosa” que hacen de ella algunos partidos; el alto costo de implementación y su “utilidad” en relación a los resultados finales, algo así como una cuestión “costo/beneficios”. 

Es cierto. Pero esas causas no son todas las causas. El cansancio ciudadano tiene que ver con la pérdida de confianza en las elecciones como mecanismo de la democracia para mejorarle la vida. Los cambios electorales no producen cambios reales. Y eso sucede porque se cambia para no cambiar. Se cambia en función de intereses corporativos, partidarios.

Las declamaciones legales/constitucionales quedan en proclamas llenas de florituras que difícilmente tienen correlato en los hechos “puros y duros”. 

La reforma constitucional santafesina ha modificado, aunque no lo suficiente, ni lo necesario, ni en buena forma, el reparto de poder. Y ello requiere un cambio en las reglas electorales. Pero los cambios que se proyectan (según refieren notas periodísticas) no se relacionan con la reforma constitucional propiamente dicha, sino justamente con lo que la reforma no trató, ni siquiera tangencialmente: elecciones PASO, Boleta Única y régimen electoral “profundo”.

La intención queda clara, claro: los cambios “convenientes” quedan en manos de una Legislatura oficialista con mayorías holgadas en ambas Cámaras. Y con una oposición crítica pero complaciente en Diputados y una oposición ni siquiera crítica en Senadores.

Esos cambios que se están gestando, en su gran mayoría, buscan, o parecen buscar (y lo exagero para ser gráfico), un virtual bipartidismo/bicoalicionismo, con 2, 3, o 4 partidos como actores principales y una cantidad importante de actores “de reparto”, casi todos con “bolos” que se limitan a actos gestuales, sin voz,  a cambio de aparecer en los créditos.

Por eso, los cambios que se vienen no empiezan por el sistema de partidos, sino que “terminan con el sistema de partidos”, a contramano de las pretenciosas declamaciones de la nueva Constitución (art. 57).

Si la Constitución reformada ya ha consagrado en su texto un notorio perjuicio a la libre participación política de los ciudadanos de la provincia y a la dinámica de partidos de actuación local o los provinciales menores, las reformas que se avecinan, según cuentan, van en esa dirección y acelerando a fondo. No son reformas que empoderen al elector, ni que fortalezcan el sistema de partidos, ni la democracia electoral. No. Son reformas expresamente pensadas y – eventualmente- ejecutadas a favor de aquellos “actores” principales.

¿Las PASO necesitan reformas? Sin dudas.

¿La Boleta Única necesita reformas? No necesariamente, pero no estaría mal.

¿El régimen electoral necesita reformas? Claro

¿El sistema de partidos necesita reformas? Absolutamente.

¿Los cambios que se proponen son los que se necesitan en Santa Fe? NO, absolutamente no.  

Los que se proponen son, justamente, cambios innecesarios (y perjudiciales) si lo que se busca es avanzar hacia un régimen electoral y de partidos más moderno, más justo, participativo en serio, democrático y sin cancha inclinada. Si pretendemos  re involucrar a la ciudadanía en los asuntos públicos y devolverle – o reconstruir- la confianza en la política y, sobre todo, en las instituciones democráticas.

Se verá cual es la intención de las reformas - o sus consecuencias, que en definitiva es lo que "cuenta"- cuando ya estén entre nosotros .

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